Por qué te recomiendo ocultar tu fecha probable de parto

bebe.jpg

Recuerdo una vez que acompañé un parto como Doula y en la sala de espera del paritorio se consumía la paciencia de toda una familia de futuros abuelos, tíos y primos. El papá salía de vez en cuando para dar el parte, y el administrativo de la zona de salas de partos se cansaba de decir que no podía facilitar información sobre los nacimientos. Quizás suene como a situación caricaturesca, pero es fácil sentir esa misma presión sin siquiera estar en el paritorio.

Si alguna vez vuelvo a estar embarazada, juro que no le diré a nadie mi verdadera fecha de parto. De hecho, a poder ser, la atrasaría 2-3 semanas. Te cuento por qué.

Cuando te quedas embarazada, sobretodo la primera vez, toda la familia y el círculo de amistades se emocionan con la noticia. Para ellos es un gran acontecimiento, pura ilusión y felicidad. Para la futura madre y el futuro padre, la emoción es también inmensa pero son, junto con el bebé, los grandes protagonistas de esta historia y lo más fácil es que con la alegría venga un incómodo vecino: el miedo.

Estamos hablando de tener un hijo, de traer a una persona nueva a este mundo. Es lo más normal sentirse abrumado por la impresionante responsabilidad de 18+ años a cargo de otro ser humano, tanto si es un embarazo buscado, como no deseado y sobretodo en el caso de las personas que han sufrido el peso de la infertilidad. ¿Mi cuerpo será capaz de gestar y parir? ¿Seré capaz de amar a esta criatura? ¿Ha sido una buena decisión? ¿Habré elegido bien al padre de mi bebé?

Así que ya ves, desde el minuto uno la ansiedad y el miedo pueden hacer acto de presencia (sin dramatizar, esto puede suceder a la vez que explotan fuegos artificiales de felicidad dentro de ti, pero...ay!). Por suerte un embarazo dura aproximadamente 9 meses y te da tiempo a dejarte sentir, conectarte con tu interior y buscar soluciones a tus dudas iniciales. Aunque algunas dudas no verán su respuesta hasta el momento del nacimiento. En el mejor de los casos, consigues convivir con la incertidumbre y te llenas de confianza. Todo irá bien y estáis en buenas manos.

Ahora bien, tu familia y tus amigos no son los que están embarazados, y por más que compartáis tiempo y vivan el proceso de cerca, siguen sin ser el padre y la madre y, con frecuencia, no son conscientes del gran impacto que tiene sobre la psique de la pareja el hecho de que descarguen toda su ansiedad y sus miedos sobre ellos.

Una vez se acerca la fecha de parto, aparecen pitonisas y pitonisos que te dirán que tienes cara de parto inminente, otras personas te dirán que si tu naciste en la semana 37 seguro que parirás en la misma semana... y mientras tanto tu pareja y tú seguíis esperando y tachando los días que faltan para conocer a vuestro gran amor. La anticipación es peligrosa y si se acompaña de un embarazo largo, de esos en los que te pasas de la fecha más de una semana.. entonces es lo peor.

Yo estuve 10 meses embarazada de mi hija. 43 largas semanas. El calvario que viví dentro de mí durante las últimas 2 semanas fue indescriptible.

Al salir de cuentas la noción del tiempo se dilata de manera exagerada. Un día parece durar un mes, en el que mucha, mucha gente se preocupa por vosotros y muchos también os lo hacen saber.

Cuando se oculta a los allegados la fecha de parto real, postponiéndola un par de semanas, en el momento de parir lidias solamente con tu propia ansiedad y tus propios miedos. Creéme, a punto de reventar y hormonada como nunca en tu vida, no es el momento idóneo para tener que gestionar las emociones de los demás.

Una manera de facilitarte la vida es no decir de cuántas semanas estás, si no decir de cuántos meses. Si haces un mes un poco más largo mucha gente no se dará cuenta. Y si te preguntan, directamente dí "a principios" "a mediados" o "a finales", sin dar fecha exacta.

La verdad, es bonito sentir que sumas semanas, y es bonito gritar a los cuatro vientos lo poco que te falta para ponerle cara a tu bebé. Lo sé porque aún y sabiendo todo esto, dí mi fecha de parto real a mucha gente. Y aunque escribir este post en realidad me juega en contra, te diré una cosa: nunca más.