Mi batalla con el Síndrome del Ovario Poliquístico (spoiler: gané!)

moira bebe

Como se dice comunmente, en todas las casas cuecen habas… y sí, yo también he sufrido y he tenido miedo de no poder tener un hijo cuando lo desease.

Mi historia comienza con mi primera regla, ya por aquellos entonces empecé a tener ciclos irregulares, pero ya se sabe, cuando una púber tiene la regla por primera vez nadie se alarma si no le viene con regularidad.

A mi aquello no me parecía normal, aunque la verdad es que la idea que tenía de la menstruación era más bien negativa por lo que no me molestaba en absoluto pasarme medio año sin tener la regla, al contrario: Me parecía una ventaja.

Pasaron los años y empecé a visitar diferentes especialistas y terapeutas: ginecólogos, homeópatas, naturópatas, kinesiólogos… mis ciclos pasaban de venir cada 6 meses a ser cada 2-3 meses, pero no terminaba de convencerme. No había diagnóstico, para todo el mundo era algo normal que se me regularía solo cuando dejase de ser tan joven. Al final, cansada de tantas idas y venidas a los 19 años empecé a tomar la píldora anticonceptiva con la promesa de que después de un tratamiento de 7 meses sería una mujer menstruante regular. Cabe decir que con la píldora sangré mes a mes, pero nadie me explicó que eso no eran reglas si no descamaciones del endometrio, y que no, no es lo mismo.

La píldora resultó sentarme bastante mal. Cogí 7 kg en 7 meses por lo que una vez acabado el tratamiento volví a la consulta de mi ginecólogo y decidí dejarla. Al cabo de 4 meses aún no me había vuelto la regla, y la respuesta que tuve del médico fue que “es normal que no te venga la regla en un tiempo después de la píldora”. Cágate lorito. La cara que se me quedó al oír al ginecólogo era un poema.

Después de tanto tiempo con el tema de la menstruación en la cabeza, me quise dar un respiro y dejar que el cuerpo hiciera lo que tuviera que hacer. No hubieron cambios: reglas cada 60-90-150 días. A los 23 años y en una revisión ginecológica llegó el diagnóstico: Síndrome del ovario poliquístico.

A partir de ahí me vinieron muchas preguntas: ¿había tenido siempre este síndrome? ¿podría curarme? ¿conseguiría tener hijos en un futuro? ¿por qué #@&*! no me lo habían visto antes? y, ahora que ya sabía lo que tenía, ¿qué más podría hacer?.

Recuerdo recibir el diagnóstico como una jarra de agua fría. Al fin y al cabo, a pesar de ser evidente que no era “normal” tampoco sentía el peso de un diagnóstico patológico. Y, de repente, casi sin ya esperarlo, me veo con una cantera de quistes en los ovarios.

Los tratamientos ginecológicos que se proponen en el caso del Síndrome del ovario poliquístico varían en función de si buscas un embarazo o no. Yo no lo buscaba pero tenía muy claro que querría ser madre en el futuro y que no iba a volver a tomar anticonceptivos. Seguí los tratamientos que me propusieron alternativos a la píldora: omifin, ovusitol… y cuando me recetaron progesterona paré. Dejé de confiar en que lo mío tenía curación por el lado de la medicina convencional y me quedé en stand by hasta nueva orden.

Mis ciclos, que habían encontrado cierto ritmo de uno cada tres meses fueron empeorando paulatinamente. En paralelo, mi vida de pareja iba mejorando y empezaba a acercarse el momento de querer formar una familia. No podía quitarme de la cabeza la sensación de que estaba maldita y que nunca sería madre. Al contrario de lo que le pasa a muchas de mis pacientes, durante años yo me preparé psicológicamente para una larga espera, sintiendo los embarazos de mis amigas y conocidas como puñaladas. Yo ni siquiera estaba buscando un embarazo pero me sentía infértil.

A estas alturas quizás te estés preguntando: ¿y tú? ¿No te podías hacer un tratamiento tú misma? Ahora puedo ver que una parte de mi se había dado por vencida. Tantos años de tratamientos y tan poco resultado te hace sentir que hay algo que no es para ti, que tú no vas a conseguir eso que para otra gente es tan normal, así que me pasaba el día ayudando a otras mujeres a regular sus ciclos sin probarlo yo conmigo misma. Si otros terapeutas no lo habían conseguido, ¿yo quién me creía que era para curarme a mí misma?. Menos mal que no me di del todo por vencida.

Viendo tal panorama mi pareja y yo decidimos que si queríamos tener un hijo en algún momento más valía ponerse manos a la obra mientras tenía el factor edad de mi parte. Con 28 años empecé a hacer un autotratamiento. Mi alimentación, que había pasado años en la lista de propósitos a mejorar con el año nuevo por fin se hizo impecable, empecé a ir al gimnasio con regularidad, a tomar vitaminas y plantas chinas y me estuve haciendo acupuntura regularmente. Todo esto durante 4 meses. En esos meses tuve dos reglas (bien!). La temperatura basal me chivaba cuándo estaba en un ciclo y cuándo no, así que llegó el momento de tirarse a la aventura y desearnos lo mejor.

El final es feliz: embarazada tras la primera ovulación, en total 2 meses buscando sin ninguna regla de por medio. La curva de la temperatura basal era de libro, mi pulso había cambiado y todo indicaba que era verdad, que estaba embarazada. En la primera ecografía me dijeron que tenía más de 30 quistes en cada ovario y que era un milagro que me hubiera quedado embarazada, aún más tan rápido.

Nunca podré certificar que sin el tratamiento que seguí el resultado hubiera sido el mismo, pero lo cierto es que volvería a repetirlo sin ninguna duda.

Después de ser madre he seguido con un estilo de vida saludable, y tomándome los suplementos de medicina china y estoy orgullosa de decir que desde que me volvió la regla la he tenido regular, mensualmente.

¿Estoy curada? ¿Volveré a tener la misma suerte el día que deseemos tener un segundo hijo?

No puedo decir qué me depara el futuro pero sí que me atrevo a decirte otra cosa:  sé que tú también tienes una historia que puede acabar bien. Sé que tú también has sufrido y estás pasándolo mal por no conseguir quedarte embarazada y creéme que sé que no es nada fácil lo que te está tocando vivir.

Confío que hay mucho por hacer, por observar, por aprender y no me quedo con un no por respuesta.

Si quieres que te acompañe, estaré encantada de formar parte de tu historia.