El final del verano

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Estamos en septiembre, y la mayoría de nosotros llevamos la piel marcada por el sol y el agua; hemos cargado pilas pasando más tiempo al aire libre y nos quedan en el recuerdo todos aquellos paseos, comidas y conversaciones a la fresca.

Siempre me ha parecido que el final del verano es un momento dulce, aunque no hay que despistarse: desde hace años, en la consulta encuentro que es en el verano tardío cuando aparecen el mayor número de infecciones de orina, hongos como la cándida y la tendencia a padecer un olor corporal fuerte u otros síntomas generados por un exceso de calor y humedad patológicos en los órganos.

¿La razón? El calor del verano y una hidratación deficiente pueden haber hecho estragos en nuestras defensas.

Pero no es todo por el calor. El verano representa un momento propicio para un consumo excesivo de alimentos de naturaleza fría, crudos, alcohol, fermentados industriales y otros productos generadores de moco como los helados. Este grupo de alimentos por lo general debilitan la digestión y promueven la fermentación patológica responsable de la proliferación de hongos en el sistema digestivo. Y una mala digestión es el primer paso hacia múltiples desequilibrios.

Por otro lado, el consumo de antibióticos de manera directa como en los tratamiento de infecciones o indirecta a través del consumo de proteína animal no ecológica acaba por impactar sobre nuestras defensas dando como resultado un exceso de inflamación intestinal, lo que para la medicina china queda enmarcado en el concepto de humedad e insuficiencia de Bazo, el área funcional responsable de una digestión saludable.

Una dieta que fortalezca la capacidad digestiva es aquella que resuelve el exceso de inflamación y moco. Como resultado la inmunidad y el estado vital se verán reforzados. Este tipo de dieta se centra en reducir o eliminar la proteína animal durante una temporada, eliminar las harinas blancas, las grasas saturadas, el azúcar y el alcohol e incrementar el consumo de frutas y verduras de temporada, sobretodo las de color amarillo y dorado y de formas redondeadas como los garbanzos, el maíz, mijo, patata o la calabaza. Lo ideal sería que predominen los estilos de cocción que no sean extremos, ni crudo ni fritos o barbacoa, siendo mejor opción los hervidos, la cocción al vapor, el salteado rápido o escaldar.

¿Y si sospechamos de estar padeciendo un exceso de humedad patológica? Siempre viene bien tener a mano algunas hierbas amargas como el Pau d’arco o la manzanilla para infusionar. Sus propiedades contribuyen a frenar el exceso de hongos y bacterias y tonifican la inmunidad natural del organismo, tan importante ahora que vamos de cara al otoño.

El esplendor del verano ha madurado los frutos y ahora es el momento de cosechar. Sigamos el ejemplo de la naturaleza y preparémonos para esta nueva oportunidad de nutrirnos con conciencia.

Este artículo se escribió para la revista VERITAS # 102 septiembre 2018